Cannabis durante el embarazo y la lactancia: orientación sobre salud

El embarazo y los primeros meses de crianza vienen acompañados de una avalancha de consejos. El cannabis puede generar especial confusión cuando se describe como algo natural, se usa por motivos médicos o se ofrece en una forma que no implica humo. Las autoridades sanitarias recomiendan evitar el cannabis durante el embarazo y la lactancia, a la vez que reconocen los límites de la investigación y la importancia de conversar con un profesional de salud sobre cada situación. Esto es lo que significa esa orientación en la práctica. [1]

Qué se sabe y qué no

El THC y el CBD, compuestos presentes en el cannabis, pueden llegar al feto en desarrollo a través de la placenta. Las sustancias químicas del cannabis también pueden pasar a la leche materna. Health Canada afirma que no hay investigación suficiente para identificar una cantidad segura durante el embarazo o la lactancia. Por esa incertidumbre, sus recomendaciones aconsejan evitar el cannabis en lugar de indicar una dosis o un momento que puedan considerarse seguros. [1]

Algunos estudios han relacionado el consumo de cannabis durante el embarazo con resultados como el parto prematuro y el bajo peso al nacer. Los investigadores siguen estudiando posibles efectos en el aprendizaje, el comportamiento y el desarrollo posteriores del niño. Estos hallazgos describen riesgos observados en grupos; no pueden predecir qué ocurrirá en un embarazo concreto. [1]

Cambiar de producto no elimina la exposición

Fumar no es la única vía relevante. Health Canada indica que los comestibles y el vapeo no son alternativas más seguras durante el embarazo o la lactancia, y que no se recomienda el cannabis para las náuseas del embarazo. No se debe dar por hecho que el CBD sea una solución segura: es uno de los compuestos del cannabis que puede atravesar la placenta y pasar a la leche materna. Si usas cannabis para aliviar síntomas o tratar una afección, pregunta a tu profesional de salud por opciones adecuadas a tus circunstancias. [1]

Si ya has consumido cannabis

Enterarte de un embarazo después de haber consumido cannabis puede causar preocupación o culpa. Estas recomendaciones buscan reducir la exposición y facilitar el apoyo; no predicen que se haya producido un daño. Health Canada aconseja que reducir o dejar el consumo puede disminuir el riesgo de daño y recomienda hablar con un profesional de salud sobre un plan que te funcione. Si te cuesta dejarlo, dilo claramente y pregunta qué apoyo tienes a tu disposición. [1]

Puedes empezar la conversación de forma sencilla: «Consumo cannabis y estoy embarazada, estoy planeando un embarazo o estoy amamantando. ¿Podemos hablar de lo que debería tener en cuenta y de qué otras opciones hay?». Puedes mencionar el tipo de producto, la frecuencia de consumo y el motivo. Esa información ayuda a que el profesional responda a tu situación. Health Canada también ofrece una guía para conversar con el profesional a quienes les resulte incómodo sacar el tema. [1]

La orientación sobre lactancia depende de cada situación

La opción más segura que recomienda Health Canada es evitar el cannabis durante la lactancia. El THC puede permanecer en la leche materna durante días o semanas, y extraer y desechar la leche no lo elimina. Los CDC de Estados Unidos también desaconsejan el cannabis y el CBD durante la lactancia porque la exposición y sus efectos no se conocen por completo. [1][2]

Al mismo tiempo, la orientación clínica de ACOG señala que el consumo continuado de cannabis no es, por sí solo, una contraindicación para la lactancia y que no se debe desaconsejar amamantar. Si estás amamantando y has consumido cannabis, o te resulta difícil dejarlo, ponte en contacto con tu profesional de salud antes de cambiar la alimentación del bebé. Puede ayudarte a considerar estas recomendaciones junto con las circunstancias tuyas y de tu bebé. [3]

La idea práctica

Para el embarazo y la lactancia, las recomendaciones actuales favorecen evitar el cannabis, incluidos los productos etiquetados como CBD, y consultar con un profesional sobre síntomas, alternativas de tratamiento o apoyo para dejar el consumo. La evidencia sigue desarrollándose, así que una conversación tranquila y sincera resulta más útil que confiar en la etiqueta de un producto o en la promesa de que una forma no conlleva riesgos. [1][2][3]